
Aquella tarde la vida me había sorprendido con un nuevo color. En el horizonte estaba la luz más esperanzadora y única que había visto. El cielo en todo su esplendor enceguecía mis ojos, mientras las ramas de los árboles se movían de una lado para otro. Era como si de pronto la naturaleza se confabulara en su misteriosa magia y poco a poco el ritmo del tiempo se llevaba todo como una ilusión fugaz, mientras mi alma atónita se perdía en sus múltiples colores.